mi Reflexion sobre el espectáculo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe n
Para todos aquellos que no han podido entender una simple inquietud de un jornalero

Faltó conciencia patriótica, faltó conocimiento e inteligencia cultural, mi Reflexion sobre el espectáculo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe no es una crítica es una opinión, una observación a la gran oportunidad que perdimos.
Para todos aquellos que no han podido entender una simple inquietud de un jornalero de la cultura, de un atrapachele, de un picador de caña, de alguien que vive safaconeando los pesos, que sabe lo que es el fogaraté, que sabe lo que es el balbojo, que sabe lo que es la cachipa, que sabe lo que es una soleta de goma, pero que eso no lo encerró ni le apagó el cerebro para cultivarlo, para cultivarlo y definir desde su propia óptica lo que es bueno, lo que es malo, lo que está bien hecho, lo que está mal hecho y lo que no dice absolutamente nada.
Aquí le dejo estas facilidades que me ha dado la técnica moderna de la comunicación para uno estar instruido y saber qué se ha hecho, qué no se ha hecho y qué hizo un país en una oportunidad de oro, en un momento diamante de transmitir tu cultura, tu majestuosidad como historia, tu pasado y su belleza. Pocos países tienen tantas bellezas naturales, culturales, folclóricas y superestrellas de la música como el nuestro, y cómo no han podido entender mi reflexión. Aquí les dejo esto a todos los que han estado hablando sin sentido: unos hablan por intereses, otros hablan defendiendo el sueldito que les dan, y otros hablan porque le están pagando relaciones públicas. Yo hablo desde el corazón cultural de este país, porque tengo derecho a hacerlo, tengo derecho a defenderlo y tengo derecho a defender la cultura. Hablen, ladren, ladren y ladren, que para eso ustedes cobran.
Faltó, faltó, faltó creatividad, faltó formación cultural y faltó inteligencia para sacarle provecho al país que somos y proyectarnos ante el mundo como una mina cultural, como un ejército cultural. Faltó inteligencia de identidad, faltó inteligencia creativa y faltó lo más esencial: vender el país que realmente somos, porque somos únicos en el Caribe, en América Latina, en Centro y Sudamérica y en Hispanoamérica a la hora de hablar de cultura, de riqueza folclórica y de talentos excepcionales.
El paso de Bad Bunny por el Super Bowl marcó un antes y un después absoluto en la historia de los grandes escenarios globales, convirtiéndose en mucho más que un concierto de medio tiempo para transformarse en una reivindicación monumental de la cultura latina y caribeña. Por primera vez en la historia de este magno evento, un artista latino asumió el liderazgo absoluto del espectáculo interpretando su repertorio prácticamente en español, llevando las raíces, el orgullo de nuestra gente y la dignidad de los pueblos antillanos ante los ojos de cientos de millones de espectadores en todo el mundo.
Lejos de plegarse a los moldes tradicionales del mercado anglosajón, la puesta en escena convirtió parte del terreno en un cañaveral y en un recorrido vívido por la cotidianidad, las luchas y la alegría de nuestras comunidades, acompañado por figuras de la talla de Ricky Martin y Lady Gaga, además de elementos tan autóctonos como la plena tradicional. Fue un espaldarazo de altura insuperable para la identidad hispana, demostrando que cuando un artista pisa la cumbre sin olvidar de dónde viene, el idioma, el ritmo y la historia de su pueblo se convierten en una fuerza universal capaz de conmover y sacudir el corazón del planeta entero.
En la historia global del espectáculo y los grandes eventos deportivos, la jerarquía de las ceremonias de apertura revela un abismo conceptual.
Mientras que el Super Bowl funciona bajo la lógica de la industria del entretenimiento comercial y el concierto masivo de medio tiempo, y los Juegos Centroamericanos y del Caribe o los Panamericanos suelen rendir tributo a la hermandad regional con presupuestos más modestos, son los Juegos Olímpicos y los grandes eventos globales los que han redefinido el arte de narrar la identidad de las naciones a través de puestas en escena colosales. El folclore es siempre el corazón y la savia indispensable de todo ello; sin el impulso de las raíces de la propia tierra, de los pueblos y de las ciudades, cualquier puesta en escena carece de alma y no deja de ser un ejercicio vacío.
Al evaluar las creaciones más creativas, impactantes, profundamente folclóricas, identitarias y de mayor arraigo cultural de todos los tiempos, cinco aperturas destacan por encima de cualquier otra realización planetaria:
En primer lugar, Barcelona 1992 demostró la cumbre de la identidad, la poesía visual y la precisión mítica. La ceremonia dirigida por la compañía La Fura dels Baus junto con directores locales logró un milagro estético: contar el viaje de Hércules por el Mediterráneo y la fundación de la ciudad integrando de manera magistral el folclore catalán, la vanguardia artística y la mitología sin caer jamás en el panfleto político. Ningún encendido de antorcha en la historia ha superado el momento en que el arquero paralímpico Antonio Rebollo disparó una flecha prendida en fuego desde el centro del campo para encender un pebetero situado a 61 metros de altura.
Fue un derroche absoluto de precisión técnica, simbolismo humano y un profundo arraigo a la identidad mediterránea y a sus tradiciones más entrañables.
En segundo lugar, Sídney 2000 consagró el reconocimiento histórico y el folclore profundo de los pueblos originarios. Sídney logró algo que ningún otro evento masivo había hecho con tal nivel de honestidad ante las cámaras: mirar de frente sus heridas y elevar la cultura aborigen al centro de la escena global.
La televisión llevó a cada rincón del planeta la fuerza telúrica del Tiempo del Sueño, los ritmos de los didgeridoos, la danza ancestral y la celebración de la tierra. Al centrar el relato en la reconciliación con sus comunidades originarias y culminar con la emblemática atleta indígena Cathy Freeman encendiendo el fuego olímpico, Australia le dio un espaldarazo monumental a su identidad multicultural, demostrando que el verdadero folclore no es un adorno comercial, sino la memoria viva de los primeros pobladores que sostiene la dignidad de una nación.
En tercer lugar, Atenas 2004 marcó el retorno a la cuna mítica y a la arcilla de la civilización a través de sus raíces más profundas.
Atenas não intentó competir con la tecnología futurista, sino que apostó por la fuerza inquebrantable de sus mitos, la escultura milenaria y la sencillez de la tierra. La imagen televisiva del gigantesco lago artificial en el centro del estadio, emergiendo de las aguas para mostrar cabezas de cícladas, estatuas rotas y la evolución del arte griego clásico, fue una cátedra de estética. Fue un homenaje soberbio que le recordó a la humanidad de dónde provienen las bases del pensamiento, el arte y el espíritu deportivo, dándole a la cultura helénica un sitial de profunda dignidad visual anclado en su folclore y en su mitología fundacional.
En cuarto lugar, Río de Janeiro 2016 demostró la explosión de la alegría popular, la resistencia y el mestizaje de las calles. Frente al gigantismo industrial de otras ediciones, Brasil demostró que el mayor patrimonio de una nación es la calidez de su gente, la riqueza de su mestizaje de raíces indígenas, africanas y europeas, y el pulso inquebrantable de su vida cotidiana. A través de la pequeña pantalla, la samba, la bossa nova, la capoeira y la narrativa visual de la evolución del país se proyectaron con una autenticidad desbordante.
Sin grandes presupuestos mecánicos, Brasil utilizó el pulso humano y la fiesta popular del folclore urbano para otorgarle a su cultura un espaldarazo vibrante, demostrando que la alegría y las tradiciones de la calle son formas superiores de identidad colectiva.
Finalmente, el Super Bowl contemporáneo con la consagración de la cultura latina y caribeña se suma como el quinto gran hito. El paso de la música urbana y antillana por este escenario demostró que cuando el folclore, las raíces y el idioma se plantan sin complejos ante los ojos del mundo, la celebración de nuestra gente se convierte en una fuerza universal inquebrantable.
Reflexión Letal de Luis Medrano: Seamos buenos siempre, pensemos en grande y mantengamos la fe.




